¿Te quiero?

 

Te quiero es una expresión.

Te quiero es una marca.

Te quiero es un lema.

Te quiero es una canción.

Te quiero es una película.

Te quiero es un contrato.

Te quiero es una publicidad.

Te quiero es un invento.

Te quiero es un chisme.

Te quiero es una estrategia.

Te quiero es una condena.

Te quiero es una promesa.

Te quiero son cadenas.

Te quiero es arte abstracto.

Te quiero es matemáticas.

Te quiero es de memoria.

Te quiero es un recurso.

Te quiero es una excusa.

Te quiero es una huida.

Te quiero es un alivio.

Te quiero es ilusión.

Te quiero es el futuro.

Te quiero es tu canción.

Te quiero es escondite.

Te quiero es obsesión.

Te quiero es un rescate.

Te quiero es la emoción.

Te quiero es ticket de compra.

Y te quiero incluso es una devolución.

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Te quiero es demasiado.

Te quiero es tantas cosas que dime tú qué cosas son.

Te estamos esperando

Odio que seas capaz de cambiar el mundo y no lo hagas. Odio que sepas que eres capaz de hacerlo y te conformes sólo con construir uno habitable para ti. ¿Y si tu mundo nos gustara mucho más a todos? No es sólo que seas capaz de hacerlo lo que me conmueve, es que no te sientas tan poderoso o tan importante como para decidirte a hacerlo.

Cambiar el mundo

 

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Todo es cíclico

Todo es cíclico.

Soy la mierda resultante de mi mala digestión.

Soy el verso que remata mi poesía más perfecta.

Soy el arte del que canta y no canta su canción.

Soy la rabia del que sabe y no encuentra la manera.

Soy el nido inhabitable donde no caben maletas.

Soy la voz enmudecida que administra la pasión.

Soy camino inescrutable donde nunca se ve meta.

Soy valiente de cabeza y obediente al corazón.

Soy la sombra de mi mismo cuando sólo hay silueta.

Soy poeta del mensaje de emoción y de razón.

Soy oscuro y permisivo con mis dudas de flaqueza.

Soy la llave de la puerta que abrirá mi confusión.

Soy la chispa enaltecida de mi idea hoy obsoleta.

Soy la buena consecuencia de mi absurda indecisión.

Soy la triste melodía del que siente que padece.

Soy la sana coincidencia de mi mala decisión.

Todo es cíclico.

Good

 

 

 

 

Sé mi texto

A veces me gustaría tener el texto ya escrito para simplemente leerme. Leerme para saber qué siento y hacia dónde voy. A veces me oigo. A veces escucho una canción y ahí estoy, escrito por otra, otro u otros pero soy yo, en ese momento, con esa luz y ese silencio, con esa verdad que llevo dentro. A veces me encantaría que mis días rimaran con mis deseos, que hubiera armonía tras mis pequeñas tormentas y fuera eterno el edredón que me protege cuando cuesta o no apetece. Ojalá todo rimara aquí dentro y fuera fácil ser simplemente lo que siento.

Hay días en que todo pasa y pasan días de ilusión escasa. Es la vida, una suma de caprichos chocando en mis malditos precipicios. Es mi mente, que trabaja de un modo diferente. Es la gente, que me empuja a no obedecer a mi subconsciente. Son palabras, que me ahogan en silencio y me elevan ordenadas. Mis coordenadas, desordenadas en el camino que yo ando sin saber si estuve antes o me estoy probando. Ando. Sin tener el texto avanzo, me leo y me mareo. No se empieza por el final ni se acaba por el principio. Así que por favor, aunque sea por una vez, escríbeme tú y léemelo. Léeme. Dime qué siento y hacia dónde voy. Haz que me oiga. Haz que sepa quien soy. Sé mi texto.

¿La clave del éxito?

“Ir a por la octava estrella es la mejor manera de no perder la séptima”. Se lo escuché a Martín Berasategui, uno de los muchos grandes de nuestra cocina, en una deliciosa charla con Risto Mejide. Una estrella de la cocina acaparadora de estrellas Michelín frente a una estrella de la conversación inteligente donde la improvisación responde a preparación, no sólo a espontaneidad. Lo dicho, una delicia, un manjar.

Ir a por la octava… ¡teniendo siete! Y a poco que lo pienses, ir a por la octava teniendo siete no es sino la única respuesta aceptable frente al éxito. El éxito, palabra que sabe a felicidad y puede incluso llegar a oler a dinero. El éxito, eso que obtienes cuando le pones pasión a lo que te gusta y sabes hacer, y eso que sostienes sólo si no dejas de hacerlo. El éxito, eso que atribuye gente a otra gente independientemente del subjetivo merecimiento que el éxito en sí lleva intrínseco.

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Frío

Me ha pillado el frío desguarnecido. Yo que soy muy de cuidar los detalles y me ha sorprendido, haciéndome sudar por exceso de protección para luego instalarse en mi garganta y decirme al oído: “Es la vida. A veces, cuanto más te proteges, más fácil te ves abatido”.

Yo paso casi de la sábana al edredón de plumas de ganso. No sé distinguir muy bien mi ropa de invierno de la que no lo es y sin embargo, en lo que a nocturnidad se refiere, me pongo alevoso y me vengo arriba. Desnudo en verano, pijama y plumas en otoño. Así, sin mediar evolución alguna. De la nada al todo, sudando por evitar el frío. Así, como soy yo.

Cerré ayer una semana intensa y bonita con dolor de garganta, congestión y sobrecarga cervical venida a menos. Y con ilusión, con ganas de demostrarme a mí mismo que merece la pena arriesgar cuando hay poco que perder y muchísimo por ganar. Es brutal el tiempo, el paso del tiempo, experimentar esa sensación que te dice que lo que un día fue perder es hoy una gran victoria. Y seguramente no sea esta mi mejor versión, pero es una versión cada vez menos estudiada. Quizá esté empezando a pensar menos en lo que puedo llegar a ser y piense más en ser, en simplemente ser. Pensamos demasiado para lo poco que nos atrevemos a sentir, demasiado y tan poco… Y es hora de curarse, de bajar del escenario y echar a correr.

 

A veces merece la pena hacerlo menos correcto, menos pulcro, menos aséptico, menos como lo has hecho de un tiempo a esta parte sin resultado alguno, menos frío. Si te apetece correr, corre. Sudar es un efecto colateral inherente a la práctica de correr y sudar, si correr es lo que te apetece hacer, es justo lo que debes hacer. Toda causa arrastra efecto y si quieres causas, que las quieres, afronta efectos. Si quieres peces ves al río y si quieres río, sé pez. Mójate. ¿Y qué si hace frío? ¿Qué puede salir mal cuando tienes lo que hay que tener para que salga bien? Mójate aunque haga frío. Quedará bien, será distinto, serás tú mismo. Y piensa, piensa hasta que te salga humo porque alguno pensando escapó del frío. Y siente, siente hasta que sudar por evitar el frío tenga sentido. Cúrate y me curo.

¡¿Se puede!?

Sólo he visto la puerta. Ni siquiera he visto las ventanas ni sé si abren hacia afuera, si son correderas o si chirrían por usadas. No he visto el suelo, no sé si cruje o está rayado. No sé si tiene dos alturas, ático y sótano, si tiene barandilla en las escaleras, si es moderna, rústica, o está muy desgastada. No sé si es demasiado fría en invierno y agobiante en verano, si es versátil o cuadriculada. Sólo he visto la puerta. Ni siquiera he visto si es grande o pequeña, si tiene techos altos, vigas de madera, paredes de piedra y una chimenea. No sé si es de luces indirectas, oscura o soleada. No sé si tiene mucho pasillo, si tiene bastantes armarios, si está vacía o está amueblada. No sé si es cara o está regalada. No sé si es sostenible, si es segura, si está vivida o está deshabitada. No sé si puede ser mía, si cabríamos yo y todas mis ganas acumuladas. Sólo he visto la puerta y en realidad no he visto nada.

 

No sé si hay polvo, si podría ser mi casa. Sólo he visto la puerta y ya escribo desde la entrada.

¡¿Se puede!?